That's the way.

domingo, 21 de febrero de 2010

Mágica.

Se aleja entre perfumes de colores,
parada sobre el mar de ilusiones.
Nada la detendrá, ella no volvérá.

Dibuja en cada mañana una melodía,
lleva en su piel el polvo de un amor,
con el amargo sabor que tiene el dolor.

Entre sus dedos recorre el viento,
le besa, lo acaricia, lo deja.

Recorre cada camino como si fuera el último.
Baila, entristece, llora y desaparece.

Es tan fugaz como una estrella,
es tan alegre como el mar,
tan suave como las nubes y eterna como una flor.

Observa, recuerda; cierra sus ojos y vuela.

Tan mística es su especie,
y tan misteriosa es su voz.

Nada la detendrá, ella no volverá.

Almendra Peperina ~

sábado, 20 de febrero de 2010

Sombras.

En cada despertar, la veía llegar.
Y luego se escapaba de mí.

Esa noche descubrí,

que mi lugar no era este,
yo no pertenecía aquí.
Esa madrugada lo decidí.

Colgué mi alma en el placard y me despedí.
Había decidido volver a vivir.

Podía sentir

cómo los presagios se desprendían de mí.
Vestigios de tu amor
desparramados por ahí.
Era cierto, renací.

Suspiré sin aire,

donde los sentidos no pueden percibir.

Mis ojos se abrieron,

y fuiste lo primero y lo último que ví.

Almendra Peperina ~

jueves, 18 de febrero de 2010

Un pájaro y una flor.

Del árbol la manzana se cayó,
y aquel pájaro voló.
De rama en rama él viajó,
y con hermosas flores se encontró.

Una flora blanca y hermosa lo cautivó.
El jazmín, del ave azul se enamoró.

Una mañana,
las patas del animal se posaron sobre la flor.
La flor le preguntó:
¿Cantarás hoy esa dulce canción?
Y el ave agitando sus alas le respondió:
Sí, cómo no.
Se hizo mediodía mientras cantaba bajo el Sol.
Llegó la tarde, y la luz mayor se escondió.
El pájaro se despidió,
y la flor entristeció.

A la mañana siguiente, la flor se alegró.
Luego de una noche de espera, el ave llegó.
El jazmín le preguntó:
¿Hoy cantarás para mí otra canción?
Y el ave contestó:
Mi inspiración es tu amor.
Entre risas y melodías,
la tarde anocheció
y el ave partió.

A su rama llegó,
y bajo las estrellas pensó:
"Sólo puedo cantar para ella,
no podría enamorarse de alguien como yo"

Pasaron días y noches.
El ave ya no cantaba para su flor.
Y en su rama se quedó.

El jazmín por su amor lloró,
y muy pronto se marchitó.

Aquella mañana de Invierno en que el pájaro despertó,
y con una nueva canción
voló hasta la flor,
fue terrible lo que vió.
Al jazmín muerto encontró,
y arrepentido de su error,
bajo el Sol entristeció.

Fue muy tarde para esa flor,
pues la magia de aquel amor
en el viento se perdió.

Almendra Peperina ~